MI EXPERIENCIA EN LA UNIVERSIDAD

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Por: Daniela Giraldo López

Desde que tengo uso de razón, hace veinte tanto de años mi familia y particularmente mis padres me han recalcado la importancia de estudiar, de ser alguien en la vida, de trabajar, de salir adelante, en fin, DE SOÑAR…

De una u otra manera, a través de historias, anécdotas ajenas y experiencias propias me han hecho saber que la vida no es fácil… que hay que luchar, trabajar, que probablemente hay que sufrir, sacrificar, pero que finalmente vale la pena, porque como dice el dicho “querer es poder” y “el que persevera alcanza”.

Hace algunos años soñaba con algo que en su momento parecía imposible, pero que para fortuna mía termino siendo una realidad. Ir a la universidad. Siempre soñé con graduarme y estudiar una carrera. Lo consideré como un sueño bastante lejano, teniendo en cuenta la situación económica del momento.

Sin embargo, hoy más que nunca me convenzo de que sí se puede ¡se vale soñar! Ingresar a la universidad ha sido para mí de las cosas más enriquecedoras que he podido vivir hasta el momento. Les mentiría si les digo que fue fácil: dejar mi pueblo para adentrarme en la ciudad, dejar a mi familia y empezar a convivir con desconocidos, empezar a trabajar, valerme por mi misma, esas y muchas otras cosas, fueron las decisiones y finalmente las acciones que tuve que llevar a cabo para hacer realidad mi sueño.

La universidad es un mundo dentro del mundo, es un espacio donde convergen una infinidad de pensamientos, de ideas, un recinto donde el conocimiento es el principal protagonista. Es a diferencia de la escuela y del colegio, el lugar al que uno elige ir, donde uno decide qué le gusta, qué le interesa, qué quiere aprender… Y es precisamente eso, lo que hace que el nivel de compromiso y de exigencia para con uno mismo sea mayor.

Personalmente, ingresar a la universidad ha hecho que le pierda el miedo al miedo, me ha permitido compartir con personas desconocidas que sin pensarlo se han convertido en familia; me ha hecho también experimentar a través de diferentes situaciones emociones como: la alegría, la tristeza, el enojo, el miedo y otras tantas que me han llevado a construir una mejor versión de mi misma, que me han motivado a dar lo mejor, para ser la mejor.

Y si hoy tuviera que volver a tomar la decisión de salir de mi zona de confort para ingresar a la universidad y formarme profesionalmente, independientemente de todos los sacrificios que he tenido que hacer y que seguramente tendré que seguir haciendo, mi respuesta seguirá siendo que no me importa, que estoy dispuesta a enfrentar lo que sea, porque como dice Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

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