Las emociones

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A medida que vamos creciendo vamos reconociendo algunas señales no verbales que nos permiten saber, en cierta medida como se está sintiendo el otro y a comportarnos según lo que evidenciamos. Es común que, si estamos con alguien que está llorando, instintivamente decimos que esta triste y nuestra reacción suele ser la de consolarlo.   A estas expresiones no verbales que muestran nuestros sentimientos y estados afectivos los llamamos emociones. Estas son definidas por Barragán y Morales (2014) como “respuestas simples con manifestaciones fisiológicas que suelen ser breves pero precisas, las cuales se convertirán en el reflejo exteriorizado de lo que la persona siente ante el estímulo o situación a la que se esté enfrentando”.

Las emociones desempeñan un rol muy importante en nuestra vida, debido a que cumplen diferentes funciones como lo son: 1) de supervivencia, es decir, nos permiten reaccionar ante un peligro inminente, 2) de adaptación social; facilita la interacción con los demás, promueven la conducta prosocial, entre otras, y 3) la función motivacional; es decir, las emociones influyen en la realización de las actividades haciendo que se haga más fácil o difícil su ejecución según como nos sintamos.

Es importante tener en cuenta que, aunque desde temprana edad experimentamos y expresamos emociones, su reconocimiento y regulación es una habilidad que se va adquiriendo a lo largo de la vida, por lo tanto, no podemos pedirle a un niño de 3 años que logre controlar su ira o frustración y reprenderlo por estas conductas. Es necesario que el adulto pueda ayudar a que el niño reconozca esa emoción (le dé nombre a esa emoción ya sea tristeza, rabia o frustración), que pueda expresar como se siente y brindarle herramientas prácticas que le permitan canalizarlas y expresarlas de una manera adecuada, ya sea centrándose en otra actividad o juego, pintando, dibujando, caminando, meditando, entre otros.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que a partir de los 2 meses de nacido aproximadamente, los niños empiezan a imitar los gestos, el lenguaje y la conducta de los adultos, a esto se le conoce como aprendizaje por imitación (el niño hace lo que observa en los demás), este proceso se sigue de manera constante hasta más o menos los seis años, es decir, el aprendizaje  de los niños en su primera infancia (de 0 a 6  años) se basa en lo que observan de las personas que le rodean y su conducta es el reflejo de ello, esto sucede debido a que aún el niño no ha desarrollado su propio criterio, de ahí se deriva la importancia y la responsabilidad que tenemos como adultos y padres de familia; no podemos pedirle a los niños que hagan cosas diferentes a lo que nosotros hacemos como adultos o como papás

Por lo anterior, es necesario que el adulto aprenda a regular sus propias emociones y a responder de manera asertiva a las situaciones a las que se enfrenta para que el proceso de aprendizaje del niño sea positivo y se dé un buen desarrollo emocional. Recordemos que “la palabra convence, el ejemplo arrastra”.

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