A lomo de mula

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Por: Hugo Tamayo Gómez

Así, a lomo de mula, como un campesino se fue, años atrás, de Vahos (hoy Granada, Antioquia) a colonizar tierras manizalitas, también regresó en el año 1900 y “pagó la libra de carne que debía”. Historias como estas y muchas más las encontré en un libro que leí de principio a fin.

El pasado 04 de enero, en el marco de las Fiestas del retorno granadino, aparte de la variedad de eventos programados, hubo espacio para la literatura. Tuve el honor de presentar el libro Al filo de la montaña, donde no solo representa al arte literario en medio de estas fiestas, sino que a través de la obra descubrimos cómo nuestros ancestros, con su pujanza, fueron poblando otras regiones del país, que en este caso, es la historia de la vereda la Cuchilla del Salado del municipio de Manizales; donde vemos que los Vaheños (granadinos) fueron los primeros pobladores.

Al recinto previsto para el evento fueron llegando las representaciones de diferentes instituciones del municipio: de la corporación Granada Siempre Nuestra (GSN), la Fundación Casa del niño y la niña, las cooperativas Coogranada y Creafam, de la colonia granadina residente en Cali, la emisora, la parabólica, la revista Granada, Alianza por Granada, Tejipaz (con su “Café de la memoria” dando degustación); Casa de la Cultura y público en general. También nos acompañó el señor Javier Bustamante, como representante de la comunidad de la vereda objeto de esta historia, y obvio, el escritor del libro a presentar, Jhonathan Orozco Tamayo. Y ya, con el ingreso al salón del señor alcalde, Fredy Castaño, dimos comienzo a la ceremonia.
Yudy Paola Duque Giraldo como directora de Granada Siempre Nuestra (GSN) responsable del evento, en primer lugar le dio la palabra al señor Julio Cesar Giraldo, presidente del Centro de Historia del municipio (recinto donde se llevaba a cabo esta presentación) para que instalara formalmente dicho acto cultural.
El señor Giraldo, que con su intervención muestra haberse leído el libro escrito por Orozco Tamayo, “un joven abogado” (como también lo describió así), no dudó en abrir el evento con una frase llena de adjetivos para calificar a nuestros ancestros: “Solidaridad, emprendimiento, liderazgo, aventurero, negociante, noble, laborioso, son los vocablos que la belleza de nuestro lenguaje permite nombrar para referirnos a los paisanos”. Y si los adjetivos son el enemigo número uno de un texto, aquí, el señor Julio César los hizo notar con fuerza y propiedad sin que sonara a lugares comunes, pues esto y mucho más es lo que nos enseñaron nuestros bisabuelos y tatarabuelos como leemos cuando nos involucramos en el interior de las páginas del libro “Al filo de la montaña”.
Más adelante, también agregó en esta intervención y dijo que nuestros paisanos son unos “Guerreros” y yo le sumo algo más: honradez; pues los antioqueños tenemos fama de que salimos a conseguir plata como sea, pero en la investigación para esta obra, el escritor deja entrever en unas líneas que Francisco Tamayo “… a principios de 1900, cuando ya tenía su parcela en la vereda y algo de estabilidad económica, volvió a Vahos (Granada) con su hijo mayor, Ramón Emilio Tamayo, y pidió perdón a su compadre y le pagó la libra de carne que debía”. Y luego este, Ramón Emilio, lo replicaba en sus hijos contando esta anécdota: “Nunca le quiten nada a nadie, uno tiene que ser honrado en la vida” (pag. 154).
Y es que estos aventureros campesinos, entre ellos el señor Francisco, para ir a colonizar esa vereda, “La travesía cubría la ruta Vahos (repito, hoy Granada), Marinilla, La ceja del Tambo, Abejorral, cruzar el río Arma para pasar a Aguadas, después dirigirse a Pácora, de ahí a Salamina, luego a Aranzazu, bajar a Neira, pasar por Pueblo Rico o Las guacas, descender a El Guineo, subir por la falda de Las Zetas y finalmente llegar a La Linda o El Salado, como se conocía antes la vereda” (pag. 152), a lomo de mula y luego hacer de nuevo ese recorrido para ir a pagar esa libra de carne y hacerse acompañar de un hijo, ¡no más como enseñanza!, no conozco otro ejemplo igual en nuestros tiempos.
El libro no solo es pujanza y honradez, también, en medio de la pobreza, muestra la generosidad que fueron heredando los descendientes de estos colonizadores granadinos como lo narra lo que hacía, el allí nombrado “padre Tamayito”, que en medio de su preparación para la carrera sacerdotal “Gregorio Nacianceno (Tamayo) debió en varias ocasiones suspender los estudios para ayudarle a sus padres en las labores agrícolas…” y así su ordenación tardó cerca de diez años.


También, el historiador Mario Gómez, en su intervención, entre otras cosas, dijo: “Jhonathan llegó a Granada a buscar sus ancestros y por allí a encontrarse él mismo, pues con este libro comenzó él la búsqueda de su identidad, la de su vereda, la de su ciudad y la de cada una de las personas que habitan en ella (…) y nos demuestra que nuestra historia está hecha a lomo de mula y a golpes de azadón y que este libro nos sirva para acrecentar los lazos de nuestra fraternidad granadina”.
A buena hora las fiestas del retorno rompen la monotonía para también organizar un espacio donde cabe la literatura con obras como estás y como dice el señor Abelardo Aristizabal: “Vale la pena que estos eventos se repitan, así lo cultural no sea de grandes masas. Admiro el valor ético del libro y es magistral lo que hizo este joven de 26 años con esta investigación”. O, como dice Claudia Giraldo Gómez: “Me parece bonito que las fiestas del retorno se vuelque también a lo cultural, porque normalmente se habla de fiesta, aguardiente, cantantes…, pero esto es muy importante y me gustaría que asistiera más público porque es algo que se pone en la programación y piensan que la literatura y otras expresiones culturales, es solo para un tipo de personas y debe de estar a la altura de cualquier ser humano que desee conocer, integrarse y participar. A mí significativamente me inspira, me motiva, me da enseñanza y la oportunidad, que ejercicios como esos, se puedan desarrollar en el marco de las fiestas”.
Un evento como estos no solo es una opción diferente (donde se da a conocer de dónde venimos y nuestra cultura), sino que también se apoya el esfuerzo de un escritor, como por ejemplo, que para financiar los viajes y poder seguir adelante con su investigación, cuando se vio sin un peso en los bolsillos, cuenta que: “Entré a la pieza, miré para todas partes a ver qué tenía de valor y lo único que vi fue mi biblioteca. Y, saber que cuando mi papá me daba plata para ropa la compraba era en libros, pero con todo y eso, dije: ¡No, aquí fue!, voy a vender los libros, pensé en ese instante. Y fui, los tiré en el piso de la universidad y los vendí”. Y por último, agregó: “No soy historiador, simplemente me atreví a escribir eso”.
Así pues, ahí les queda a Granada Siempre Nuestra (GSN), a Alianza por Granada y a los demás organizadores de estos eventos, que no deben desfallecer, porque ya dimos un paso que es el inicio a otros espacios en las Fiestas del retorno granadino. Que estas celebraciones en el primer puente de enero, que se hacen cada año, todos los paisanos, amigos y visitantes en general, nos enriquezcamos de más historias como las aquí contadas. Este libro muestra la herencia que nos dejaron nuestros ancestros, como esa pequeña pero ejemplar enseñanza, que por la deuda de una libra de carne, a un campesino de Granada, en el año 1900, lo hizo devorar y mover montañas a Lomo de mula.

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